3.5.07

Crónica de una tragedia Queretana en 3 actos

Primer acto: Incomprensible Pasión

Nunca había visto futbol. No entendía la pasión vital y casi orgásmica que arrastra a millones de hombres -y alguna que otra desviada mujer- a llorar, viajar kilómetros y entonar cantos bélicos por una camiseta. Era imposible que a mis -casi- 32 años y habiendo nacido en un país futbolero, nunca haber asistido a un estadio o haber deseado con todas mis fuerzas que ganara algún equipo. Pero... ¿Cómo creer en un deporte que se arreglan a patadas? De nada sirvió la evolución, el usar herramientas, el tener un dedo yuxtapuesto en las manos. ¿Como encontrar el arte en un pase exacto y rematado sin que caiga al suelo, a tener un héroe con apellido alemán o inglés?. Nada. Cero.

La respuesta es fácil: nunca me la inculcaron. Recuerdo que mi abuelo lo veía, pero mi papá nunca. Así que al crecer en una familia sin hermanos, nunca conocí la poesía de un partido narrado de Ángel Fernández o el llanto que provoca un reportaje de color de Faitelson. Y por supuesto, está la envidia a la pelota. Los primeras inchas con los que conviví fueron mis exnovios tapatios(chivas, puros chivas) y, es bastante desgastante que la felicidad de tus domingos dependan de un tipo en calzones largos llamado Ramón Ramírez.

Alguna vez oí que en Brazil, país cachondo por antonomasia, durante el mundial la venta de viagra cae un 40%. 40% de mujeres insatisfechas, un porcentaje mayor de vaginas cambiadas por hombres sudorosos corriendo en calzones largos tras un balón.

Si a eso le agregamos el drama telenovelero de fingir una falta, la violencia en los estadios, los nacionalismos (o regionalismos) exacerbados, los festejos racistas y ofensivos, la mercadotecnia, las millonadas, los futbolistas que se creen tocados por dios el futbol era para mí... en una palabra, una chingadera.

Así que ese sábado que ví por 5 de febrero las caravanas de automóviles iban rumbo a San Luis Potosí, no dejé de tirarlos de a locos. Ese día los Gallos Blancos jugaban el primero de tres partidos decisivos para no descender y, a escasas dos horas y media del Corregidora, su rival -y a veces verdugo- de la primera A, el San Luis lo esperaba.

Ese triste sábado, yo tomaba cerveza desde las 3pm, por lo que a la hora del partido en un conocido bar queretano estaba más que animada y contagiada del espíritu albiazul. Ah, la bendita cerveza, que me ha catapultado hacia tantas nuevas experiencias. Ambiente inigualable, jugadas extraordinarias, un gol que no pudo remontarse. El resultado, una tragedia a la mexicana: Los gallos jugaban como nunca y perdieron como siempre. Además que ese día perdí mi cartera.

Segundo acto: Saliendo del cascarón
Por razones que no importan en este post, me acuerdo que cuando llegué a Querétaro en el 2003, los Gallos recién acababan de ascender.... chapuseramente, eso sí, ya que había comprado al equipo de La Piedad que era quien se había ganado el derecho. Sin embargo, en el 2004 (creo) los dueños del futbol mexicano decidieron reducir el número de equipos en primera división y los Gallos terminaron en caldo. El año pasado, volvieron al llamado máximo circuito, pero las ventajosas -para los equipos de siempre- reglas del descenso, ponían a hervir el cazo una vez más.

Para aminorar el fuego, se necesitaba de un Héroe. Como el presupuesto no alcanzaba para tanto, se asignó para tal azaña al hijo de un Héroe del Rebaño Sagrado: Chava Reyes(jr). Nadie se iba a imaginar que un futbolista de glorias casi nulas, se convertiría en un moderno Jasón, buscando tan preciado Bellocinio: quedarse en primer circuito del futbol mexicano. Chava se compró casa en Camino Real Residencial, una colonia de esas en los cerros, que al bajar se tiene una magnífica vista de la ciudad. Tal vez era para recordarse diariamente que Querétaro estaba ahí, que necesitaba el canto de un Gallo para amanecer.

Jasón reclutó a sus Argonautas: algunos con experiencia como Abundis o Joel Sánchez, otros de sangre nueva en México: Figoli y Marcos García Nascimento; no se olvidó de los que ascendían: Margarito y Gerk. Como en toda digna batalla épica, desde el principio tuvo varios obstáculos por sortear: Las Harpías que le quitaron puntos por un cuento de las edades (creo), los bueyes que estan vestido de negro uncidos sólo por la federación, acompañado siempre por el fantasma del porcentaje. Que otras grandes azañas tendría que sortear? las ignoro. No llevo ni un mes de haber salido del cascarón. Lo que sé es que ganarse la afición debió ser un gran reto.

Querétaro es una ciudad de inmigrantes. Quienes vivimos aquí conocemos muy pocos herederos de Conín. Después de que al DF le salieran hoyos en el 85, la gran oleada de chilangos se vino para acá. Hoy, la cercanía con el DF impulsó a su industria y quienes queríamos escapar de las grandes ciudades encontramos en estra miniciudad todo lo que necesitabamos para seguir sintiendonos citadinos.

Los no-queretanos que llegamos seguimos añorando las tortas ahogadas, las tortas de tamal o el cabrito. Por eso, no era de extrañar que, jugando como local en el Corregidora, hubiera más Chiva o Águila que Gallos. Sin embargo, ese 28 de abril las camisetas albicelestes o blancas con la leyenda de "juego limpio" atiborraron el coloso que da la entrada a la ciudad.

Esa tarde la bandera que está cerca del coliseo queretano ondeaba más fuerte que nunca. "Si no ganan, mejor que pierdan" era el sentir general. Los posibles verdugos: unos gatititos al que el descenso le sigue jalando el rabo (aka Tigres). Desde el comienzo, el ánimo estaba a tope, las porras coreaban juntas los himnos de gloria y esperanza, la cerveza corría.

No fué si no hasta casi al terminar el primer tiempo cuando el brasileño Nascimento anotó. El estadio explotó, nadie dejaba de gritar y abrazarse. En el medio tiempo, la sensación de triunfo estaba ahí. La permanencia en primera había sido asegurada, Jasón había capturado su bellocinio de oro.

Apenas comenzaba la segunda parte, cuando los tigritos metieron gol. Silencio sepulcral en el estadio. Nadie lo creía, nadie lo había visto. Ese gol no existía. La recuperación fué lenta y eterna. Cada segundo que pasaba me ponía mas nerviosa. Querétaro volvió a estallar cuando finalmente Fígoli puso fin a la espera y venció al guardameta regiomontano.

Los cantos de alegría seguían incluso en el congestionamiento de la salida del estadio. Bailes, juramentos, amenazas y mucho mucho alcohol seguían a los fanaticos emplumdos. La megacruda del día siguiente eran reminencias de una gran celebración. Una gallita había nacido. Snif.


1-1 La noche cayó con un gol en contra


El Corregidora abarrotado.


Fin del partido.


Celebraciones en la calle.

Tercer acto: el desplume

Toda esa semana los ánimos entre los queretanos estaba llegaban hasta el cielo. Ganarle a los zorritos presumidos era un trámite, el bocón de Osvaldo se iba a meter su lana por el culo. Se organizaban turs, se hacían apuestas, se cumplían mandas. Por mi parte, la escasez de maquillaje urgía una visita a Guadalajara. Así que me tomé el puente y mi carnala me consiguió pases para ver a los Gallos: Planta baja en el Jalisco, del lado de la sombrita (y gratis).

Llegamos al estadio a escasos 15 minutos de tan esperado -y ya ganado- encuentro. Al entrar, bajo las gradas, ví las espaldas de camisetas plumíferas. "Que padre, nos tocó con los gallos" de dije a mi carnala. Ya en las gradas, me dí cuenta que hubiera sido díficil quedar compartir el aire con un zorrito, tres cuartos de estadio era Gallo. El Querétaro FC, que tantas veces era visitante en su casa, ahora era local en el coliseo de la calzada Independencia tapatía.

Los queretanos no sólo se metieron hasta la cocina de la casa atlista, si no que se zurraron en su baño y se acabaron su mejor tequila. A las 4pm y a 33 grados centígrados, se sentaron en el mejor sofá y se dispusieron -chela en mano- a ver el partido de su vida. Ni siquiera unas zorras moviendo el culo levantaban un poquito de respeto para los niños bien del colomos.

La fiesta no duró mucho. En menos de 25 minutos, los gallos habían sido degollados y corrían sin rumbo. Durante una media hora más, los sabecuantosmil queretanos ahi presentes seguiamos gritando SI SE PUEDE! SI SE PUEDE!, como una especie de mantra que desafiara a la geometría para que una esfera entre por un rectángulo. Pero no pasó. Por más que atacaran nada más no entro. Las gargantas se cansaron de gritar, las piernas de patear. Los ultimos 15 minutos fueron de desconsuelo. Los albiazules lloraban, los zorros coreaban himnos de victoria.

No pude ver bien el segundo tiempo. Se jugaba totalmente del otro lado donde me sentaba y, estando tan abajo, los mismos jugadores me tapaban. Así que cuando volví a Querétaro y preguntaba que cómo habían jugado, mis encuestados únicamente se limitaban a subir los hombros en señal de "¿acaso importa?". (Ese día, me negué a ver los resúmenes).

Una vez consumada la tragedia, hubo unos instantes en los que las barras albiazules salieron de su estupor y vitorearon a su equipo y a su líder. El grito de GALLOS! GALLOS! se entonó por última vez este año durante el máximo circuito mexicano de futbol. Salvador Reyes lloraba, quizá porque traía en su nombre su cruz. Podría decirse que no logró salvarlos. Yo no estaría tan segura.

Puede que siga sin entender lo que es un fuera de lugar, pero comienzo a comprender la pasión por una camiseta. YO, que tantas veces renegué del futbol. YO, que tanto envidié el balón. Aún sigo creyendo que hay poesía en las letras de Garibay y emoción en una novela de Silverberg. Pero la gran lección de todo esto es que la pasión es algo que debe sentirse a como de lugar... aunque sea por un equipo de futbol de Primera "A".

Cuando volví, me contaron que esa tarde lloró el cielo sobre Querétaro. La lluvia se llevó las ultimas flores moradas de las jacarandas que engalaban Bernardo Quintana. En la cima más alta de esa avenida, justo antes de llegar a Industrialización, está una de las postales más bonitas de Querétaro: los Arcos enmarcando al Corregidora.

El año que entra retoñan las jacarandas, el año que entra tal vez...


Como en casa.



Y nada pasó.

6 atinados comentarios:

Armando dijo...

Jejeje, sí, el amor a la tierra que uno pisa es un fuerte antecedente para el amor al futbol...

Hipertermico dijo...

Interesante, a mi no me gustaba mucho el futbol igual por lo mismo que usted dice, no me lo inculcaron, hasta que fui al estadio pirata fuentes del puerto de veracruz (lugar onde pertenezco) a ver un partido, se contagia la emocion, se pone uno la camiseta de regionalismos y somos los super mas chingonsisisismos no del estado ni del pais del mundo... puuuts.

En fin, ya lo demas, ya lo sabe. ademas que ya me dio hueva escribir-

Saludos,

s.u.p.n. dijo...

Chingón post. Me daré una vuelta al Pirata el próximo torneo, ahora que el Tibu es el de los pedos con el descenso.

-Bucles.

Carlos Efrén dijo...

Es una pena ese descenso. El Querétaro me cae re bien, además de que tienen un estadio muy chingón y que efectivamente se notaba hasta acá, que por primera vez un equipo había hecho sinergia con la ciudad.

Me cae bien Chava Reyes JR porque antes del Querétaro dirigió al equipo de mi ciudad en la segunda división. Los pinches zorros no se merecían ese triunfo.

En fin, ánimo y ojalá que el gusto por el fut perdure.

Serguei dijo...

Pues si, ahora toca continuar el apoyo y buscar el regreso... los grandes equipos no se construyen rapido...

Me encanto tu cronica... mejor de lo que se puede encontrar en algunos periodicos...

zonico dijo...

Buena crónica, pero pues quien te manda a irle a los Gallos cuando las CHIVAS son los mejorcitos del fucho mexica.
Pero pues asi es el futbol, a veces se gana, a veces se pierde y a veces se empata.